martes, 10 de febrero de 2009




Agua

Lluvia estival

Recuerdo cuando, aquella tarde, tal vez como esta, esperábamos la lluvia ansiosamente, y esa fragancia que la caracteriza. La preparación, la pesadez, el silencio previo. Y al comenzar, correr bajo los árboles, y dejarnos mojar; pertenecer de alguna manera al rito de la lluvia. Las pequeñas delicias que uno atesora en el alma de niño, y permiten seguir siéndolo, después del paso del tiempo…Atesorar el presente, en el instante preciso, esa memoria emocional, no está sólo en la piel, en los sentidos sino, en lo profundo del ser.

Como todo, lo bueno, necesita un tiempo de maduración.

Y sutilmente llega, envolvente, abrazadora. Con esa capacidad propia del agua.

Tan vital. Tan sonora.

Renovando cada color, cada sensación.

Tintinea traspasando las hojas, y suena más aún en los techos, con esa simbología, conocida que invita al silencio de las palabras para sólo escuchar su sabia conversación.

Un dialogo entre el cielo y la tierra, el agua los une, en su fertilidad, da más vida. Y la dicha de nuestra presencia, de poder disfrutarla.

Transformarnos en ella, y por ella.

Porque en su medida justa, el agua, es creadora.

Sin violencia, es en nosotros, la vida, la naturaleza sutil.

Y cada suceso, así como la lluvia, el sudor, o las lagrimas…

Son simplemente agua…

3 comentarios:

RAÚL dijo...

GREAT! sólo le falta la música! :)

www.youtube.com/watch?v=xRqI5R6L7ow

JESUS y ENCARNA dijo...

Petonets, Gabriela
Encarna

GINEBRA dijo...

Preciosa reflexión sobre el agua. Enorme sensibilidad la de mi poetisa preferida. Gabriela, paso a desearte un feliz día de S. Valentín, que sé que estás enamorada. Besos