viernes, 29 de febrero de 2008

Devorador

Cuando crees que tus vivencias se han sucedido para crecer, y que tu capacidad de sorpresa declina, y te dará un respiro al alma; sucede que llega él, para decirte que no es cierto, que el tiempo no existe, que quizás nunca estés a salvo.

Todas tus murallas, todas tus palabras son nada, cuando él se decide por ti.

Llega a devorarte.

No hay recuerdos de dolor, ni heridas ni nombres.

Él llena todos los espacios. Es como el manto nocturno, estás allí, totalmente vulnerable, a su voluntad.

Y así será. Te entregas a él, a su deseo más radical.

Es correr desesperado hacia el precipicio y lanzarse; él es tus alas, tu fe ciega, no hay mente ni nada.

Es fuego; enciende y avanza en ti, cada célula es tan sensorial, total, que esa integridad te abruma, te embriaga.

No hay dolor, no hay temor, ni razón.

Es.

El momento más conciente, mas delicioso, es tu ser que vibra.

Sólo el ser ama.

Qué puede ser más intenso, más inmenso y total que el Amor.

Siempre vuelve como la marea, transforma, lo sólido, toda la materia a su merced.

Y cómo decir que no… a esa vorágine sublime.


3 comentarios:

M. dijo...

En el fondo solo es un acto suicida, lo entregamos todo, todo vendido por el instante.

La consciencia de nuestra propia mortalidad nos hace, de una forma irracional quizás, a desear con todas nuestras células, a buscar morir en otro cuerpo.

Besos.

Gabriela dijo...

Siempre preciso!

NuNú dijo...

Estoy de acuerdo, señorita, el AMOR con mayúsculas es así y cómo decir que no a esa vorágine sublime...

Muchas gracias por tu comentario y por hacerme conocer tu blog. Muy lindo. Volveré, seguro.

Besos